X. Teología de la Liberación (I)



Sumario. Introducción. Aspiración universal a la dignidad, libertad y justicia. La liberación, tema cristiano. La voz del Magisterio. Una nueva interpretación del cristianismo.

Con fecha de 6 de agosto de 1984 la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de 1a liberación. En ella se comienza por afirmar que el Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberación, precisando en qué consiste ésta última: “La liberación es ante todo y principalmente liberación de la esclavitud radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia. Lógicamente reclama la liberación de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico, social y político, que, en definitiva, derivan del pecado, y constituyen tantos obstáculos que impiden a los hombres vivir según su dignidad. Discernir claramente lo que es fundamental y lo que pertenece a las con- secuencias es una condición indispensable para una reflexión teológica sobre la liberación”.

La teología es la ciencia de la fe. El cristiano toma como punto de partida las verdades reveladas por Jesucristo, y a partir de ellas busca profundizar en su contenido, explicitar lo que está implícito y obtener una comprensión más cabal (“Fides quaerens intellectum”: la fe que busca entender). Será una genuina teología de la liberación aquella que parte de la Revelación cristiana, y que descubre que la primera y más radical liberación es de la esclavitud del pecado.

Sin embargo, quizás por la urgencia de algunos problemas sociales, algunos se han limitado a preocuparse por las esclavitudes de orden terrenal y temporal, presentando análisis y soluciones ambiguas e inadecuadas. El citado documento de la Santa Sede señala desviaciones ruinosas para la fe y la vida cristiana en algunas equivocadas “teologías” de la liberación, principalmente por utilizar conceptos tomados del pensamiento marxista.

Es un signo de los tiempos que vivimos, que la Iglesia debe discernir e interpretar a la luz del Evangelio, la aspiración de los pueblos a una liberación de opresiones injustas. La dignidad del hombre, creado “a imagen y semejanza de Dios” (Gen 1, 26-27), no debe verse ultrajada por injusticias culturales, políticas, raciales, sociales o económicas. Hay un deseo universal de una vida más fraterna, justa y pacífica; sin el escándalo de las injustas desigualdades entre ricos y pobres (personas y países). Estas aspiraciones han de ser iluminadas y guiadas por la Revelación cristiana, sin que sean acaparadas por ideologías de materialismo o violencia que ocultan o pervierten su sentido.

La liberación es un tema cristiano. Encuentra un eco profundo y fraternal en los corazones de quienes tienen la experiencia radical de la libertad cristiana, porque rechazan la esclavitud del pecado (Gal V y ss.). En el Antiguo Testamento Dios aparece como el liberador de su pueblo, en orden a la salvación y la santidad: libera a Israel de Egipto (Ex. XXIV) y del exilio de Babilonia, y de todos sus enemigos. En los Salmos se expresa continuamente que sólo de Dios se espera la salvación y el remedio. Los profetas, después de Amós, muestran con especial fuerza las exigencias de justicia que exige la fidelidad a la Alianza con Dios. Dios es el defensor y el liberador del pobre, de la viuda y del huérfano.

El Nuevo Testamento presenta estas mismas exigencias, todavía más radicalizadas en las Bienaventuranzas. La conversión y renovación del hombre han de hacerse desde lo más hondo del corazón. Cristo manda el amor fraterno, tal como Él nos ama. Todo hombre es prójimo (Lc X, 25-37). Jesús, que se hizo pobre por nosotros (II Cor VIII, 9), es solidario de toda miseria humana. Y en el Juicio pedirá cuenta de las obras de misericordia (Mt XXV, 31-46). Hay que vivir la misericordia tal como el Padre celestial (Lc VI; 36). Los ricos son fuertemente exhortados a cumplir con su deber (Sant. V, 1 y ss; 1 Cor XI, 17-34).

Aparece, pues, muy claro, que la primera liberación es la del pecado. La Carta a Filemón, de San Pablo, es un ejemplo eminente de la nueva libertad del cristiano, que, ganada por la gracia de Cristo, debe tener necesariamente repercusiones en el plano social. El pecado es siempre personal, aunque tenga consecuencias sociales. El mal no está ni principal ni únicamente en las “estructuras”, pues éstas son fruto de la acción de la persona humana, libre y responsable. La búsqueda de la perfección moral de la persona supone también la caridad, como apertura y espíritu de servicio hacia los otros.

La voz del Magisterio de la Iglesia ha hecho múltiples llamados en los últimos tiempos, exhortando a vivir la justicia y la solidaridad con el prójimo. Recordemos las Encíclicas Mater et Magistra y Pacem in terris de Juan XXIII; la Populorum progressio; Evangelii nuntiandi y Octogessima adveniens de Pablo VI; la Constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II; las Encíclicas Redemptor hominis, Dives in misericordia y Laborem exercens de Juan Pablo II; el Discurso de este último ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 2-X-1979; la III Conferencia Plenaria del Episcopado Latinoamericano en Puebla de Los Ángeles (México) en 1979, etc., etc. Juan Pablo II señalaba en Puebla: “los tres pilares sobre los que debe apoyarse toda teología de la liberación auténtica: la verdad sobre Jesucristo, la verdad sobre la Iglesia, la verdad sobre el hombre”.

Siguiendo estas directrices, muchos fieles cristianos han venido realizando un trabajo ingente y desinteresado. Pero hay que tener cuidado, para no dar primacía a lo material: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt IV, 4; Dt VIII, 3). Sería un funesto error dejar para mañana la evangelización, con la pretensión de resolver primero, los problemas materiales. Se caería en la tentación de un Evangelio puramente terrestre, que pondría también en peligro la “opción preferencial por los pobres y por los jóvenes” (Documento de Puebla, IV, 2). Hay algunas erróneas teologías de la liberación que proponen una interpretación innovadora del contenido de la fe y de la existencia cristiana, apartándose gravemente de la fe de la Iglesia e incluso negando prácticamente la misma.

Cuando esto último ocurre, el generoso compromiso inicial en favor de los pobres se ve corrompido por préstamos no criticados de la ideología marxista y el uso de una hermenéutica bíblica dominada por el racionalismo.

Bibliografía
­    SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la Teología de la liberación, I-VI.
­    IBAÑEZ LANGLOIS, José Miguel;  Teología de la liberación y lucha de clases. Ed. Palabra, Madrid, 1985, págs. 7-69.
­    MATEO SECO, L.; OCARIZ, F. ; ¿Qué es la Teología de la liberación?. Folletos Mundo Cristiano, n. 404, Madrid,1985, págs. 33-53.

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