Sumario. Qué es el materialismo histórico. Las alienaciones, según el
marxismo. La alienación religiosa. La alienación filosófica. La alienación
política. La alienación social. La alienación económica. La sociedad comunista
sin clases.
El materialismo
histórico constituye la explicación marxista de la historia y de la sociedad. En principio
es una aplicación particular de una teoría general de la realidad (materialismo
dialéctico). Aunque en realidad numerosos autores han mostrado que existe una
completa incompatibilidad entre el materialismo histórico (que invoca a la
libertad humana para realizar la revolución) y el materialismo dialéctico (que
explica todo cambio por una fatal y rígida necesidad).
La cosmovisión marxista ofrece así como meta la
realización de algunos de los más poderosos sueños humanos, ofreciendo a los
desposeídos una ilusión, unas soluciones drásticas, una herramienta revolucionaria.
La palabra alienación fue tomada
en préstamo a la filosofía de Hegel. Dentro del pensamiento marxista significan
las alienaciones determinadas situaciones humanas en los que el hombre se
objetiva, se exterioriza, se pone como
distinto de sí y se pierde. Son
soluciones irreales y abstractas de un problema material, una mistificación de
la verdadera realidad, encubrimiento
de la miseria actual del hombre. Las alienaciones suponen separación y ruptura
del ser humano con respecto a sí mismo. Serán eliminadas mediante la
revolución. De esta manera Marx ve al hombre perdido y engañado, ajeno a sí
mismo: en las mercancías o productos industriales, en las clases sociales, en
la estructura estatal, en el pensamiento filosófico, en la religión. Cada
alienación se apoya en la anterior: la más abstracta en la más concreta.
La religión constituye para el marxismo la alienación más irreal, la que más aleja
al hombre de sí mismo. Es pura ilusión, “pura miseria”, “abyección”, “pérdida
radical de sí”; “el suspiro de la criatura abrumada, el corazón de un mundo sin
corazón”, “el opio del pueblo”. De ese modo la “crítica de la religión es la
condición de toda crítica”. Y eso porque constituiría una evasión al más allá,
una justificación conservadora de los males de este mundo, que lleva a caer en
un ensueño (opio).
Cambiando las condiciones sociales, la religión será
completamente superflua y no existirá más. Nada de ella será asumido en la
futura sociedad comunista. “La crítica de la religión conduce a la doctrina de
que el hombre es para el hombre el ser supremo”.
El pensamiento abstracto, la
filosofía, sería otra ilusión alienante: una alienación intermedia entre
la religión y la política; la apariencia de conocer las cosas como son: en su
ser, esencia, naturaleza, pero de modo teórico, abstracto, irreal. “Es en la
práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad”; “los filósofos no han
hecho más que interpretar el mundo de diversas maneras; lo que importa es
transformarlo”.
Otra alienación es la política,
que se denuncia al criticar la filosofía hegeliana del derecho y del Estado.
Este último no sería sino un instrumento de dominación y opresión en manos de
la burguesía: una conciliación ilusoria de los contrapuestos intereses de
clase.
La alienación social consiste
en la explotación de la mayoría (proletariado) por un grupo de privilegiados
(burguesía). Es preciso que los proletarios adquieran conciencia de clase y que
lleven a cabo la revolución. El motor del progreso social será la lucha de
clases, que ha de ser radical; como absoluta es la oposición entre la burguesía
y el proletariado. La burguesía, mediante la explotación, prepara sus propios
sepultureros. La antítesis total de la burguesía es el proletariado, que carece
de dinero, de cultura, de tradición, de virtudes. Ese es un privilegio
revolucionario: ser pura negación. Sólo puede subvertirse totalmente el status burgués con la negación
dialéctica (revolución). La síntesis superadora será la sociedad comunista sin
clases.
La alienación económica es la
causa radical de los males humanos, y por tanto también de las otras
alienaciones. La verdadera estructura de la sociedad viene constituida por las
relaciones económicas de producción. La sociedad, la política, la filosofía,
la religión, etc., son solamente superestructuras, dependientes totalmente de
la estructura económica: “el molino movido a mano nos da una sociedad con señor
feudal; el molino mecánico, la sociedad del capitalismo industrial”’.
En El Capital Karl Marx expone su concepción económica. El hombre se
realiza, se autocrea, mediante el trabajo
productor, transformador de la naturaleza. Con la revolución industrial adviene
la producción en serie, y el hombre se pierde en los objetos. La estructura
industrial capitalista, el mercado económico con sus leyes de oferta y demanda
llevan a cabo el despojo de los obreros. El producto industrial es trabajo
objetivado del obrero, pero se le priva de él, ya que lo que vale es el precio
del objeto en el mercado. Así el obrero se ve alienado, convertido en fuerza
bruta de trabajo, percibiendo solamente lo necesario para subsistir. Según Marx
el valor económico de los productos no procede del intercambio (que no añade
nada) ni de la naturaleza (que es de todos) sino solamente del trabajo. La
mercancía es trabajo humano cristalizado. El patrono paga por ella lo mínimo al
obrero, y se queda con la diferencia (plusvalía),
que se va acumulando para engrosar el capital. Hay así una oposición dialéctica
entre la producción, que es colectiva, y la apropiación de sus beneficios, que
es individual. De un modo inexorable ello producirá una concentración creciente
del capital y el aumento del número de los proletarios. Así llegará la crisis
del sistema y la revolución proletaria, acto total y definitivo. La dictadura
del proletariado será la “expropiación de los expropiadores”.
Después se llegará a la sociedad comunista del futuro, sin clases y sin
alienaciones: “una sociedad donde el libre desarrollo de cada uno es la
condición del libre desarrollo de todos”, una comunidad armónica y sin el poder
estatal. “El hombre se habrá convertido en una pasión hacia el hombre”.
Reinará el ateísmo, por haber desaparecido las bases socio-económicas
de la religión. El hombre será politécnico combinando el trabajo manual e
intelectual, integrado plenamente con la naturaleza. Tendrá su realización
completa, al ser dueño de su trabajo y de las condiciones de su existencia
material, sin estar sometido a ninguna explotación.
Bibliografía
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