III. El Materialismo histórico. Crítica de las alienaciones



Sumario. Qué es el materialismo histórico. Las alie­naciones, según el marxismo. La alienación religiosa. La alienación filosófica. La alienación política. La alienación social. La alienación económica. La sociedad comunista sin clases.


El materialismo histórico constituye la explicación mar­xista de la historia y de la sociedad. En principio es una aplicación particular de una teoría general de la realidad (materialismo dialéctico). Aunque en realidad numerosos autores han mostrado que existe una completa in­compatibilidad entre el materialismo histórico (que invoca a la libertad humana para realizar la revolución) y el ma­terialismo dialéctico (que explica todo cambio por una fa­tal y rígida necesidad).

La palabra alienación fue tomada en préstamo a la filo­sofía de Hegel. Dentro del pensamiento marxista signifi­can las alienaciones determinadas situaciones humanas en los que el hombre se objetiva, se exterioriza, se pone como distinto de sí y se pierde. Son soluciones irreales y abstractas de un problema material, una mistificación de la verdadera realidad, encubrimiento de la miseria actual del hombre. Las alienaciones suponen separación y ruptura del ser humano con respecto a sí mismo. Serán eliminadas mediante la revolución. De esta manera Marx ve al hombre perdido y engañado, ajeno a sí mismo: en las mercancías o productos industriales, en las clases sociales, en la estructura estatal, en el pensamien­to filosófico, en la religión. Cada alienación se apoya en la anterior: la más abstracta en la más concreta.

La religión constituye para el marxismo la alienación más irreal, la que más aleja al hombre de sí mismo. Es pura ilusión, “pura miseria”, “abyección”, “pérdida radical de sí”; “el suspiro de la criatura abrumada, el corazón de un mundo sin corazón”, “el opio del pueblo”. De ese modo la “crítica de la religión es la condición de toda crítica”. Y eso porque constituiría una evasión al más allá, una justificación conservadora de los males de este mundo, que lleva a caer en un ensueño (opio). Cambiando las condiciones sociales, la religión será completamente superflua y no existirá más. Nada de ella será asumido en la futura sociedad comunista. “La crítica de la religión conduce a la doctrina de que el hombre es para el hombre el ser supremo”.

El pensamiento abstracto, la filosofía, sería otra ilu­sión alienante: una alienación intermedia entre la reli­gión y la política; la apariencia de conocer las cosas como son: en su ser, esencia, naturaleza, pero de modo teórico, abstracto, irreal. “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad”; “los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversas ma­neras; lo que importa es transformarlo”.

Otra alienación es la política, que se denuncia al criti­car la filosofía hegeliana del derecho y del Estado. Este último no sería sino un instrumento de dominación y opresión en manos de la burguesía: una conciliación ilusoria de los contrapuestos intereses de clase.

La alienación social consiste en la explotación de la mayoría (proletariado) por un grupo de privilegiados (bur­guesía). Es preciso que los proletarios adquieran con­ciencia de clase y que lleven a cabo la revolución. El motor del progreso social será la lucha de clases, que ha de ser radical; como absoluta es la oposición entre la burguesía y el proletariado. La burguesía, mediante la explotación, prepara sus propios sepultureros. La antítesis total de la burguesía es el proletariado, que carece de dinero, de cultura, de tradición, de virtudes. Ese es un privilegio revolucionario: ser pura negación. Sólo puede subvertirse totalmente el status burgués con la negación dialéctica (revolución). La síntesis superadora será la sociedad comunista sin clases.

La alienación económica es la causa radical de los males humanos, y por tanto también de las otras alienaciones. La verdadera estructura de la sociedad viene constituida por las relaciones económicas de producción. La socie­dad, la política, la filosofía, la religión, etc., son solamente superestructuras, dependientes totalmente de la estructura económica: “el molino movido a mano nos da una sociedad con señor feudal; el molino mecánico, la sociedad del capitalismo industrial”’.

En El Capital Karl Marx  expone su concepción económica. El hombre se realiza, se autocrea, mediante el trabajo productor, transformador de la naturaleza. Con la revolución industrial adviene la producción en serie, y el hombre se pierde en los objetos. La estruc­tura industrial capitalista, el mercado económico con sus leyes de oferta y demanda llevan a cabo el despojo de los obreros. El producto industrial es trabajo objeti­vado del obrero, pero se le priva de él, ya que lo que vale es el precio del objeto en el mercado. Así el obre­ro se ve alienado, convertido en fuerza bruta de trabajo, percibiendo solamente lo necesario para subsistir. Según Marx el valor económico de los productos no procede del intercambio (que no añade nada) ni de la naturaleza (que es de todos) sino solamente del trabajo. La mercancía es trabajo humano cristalizado. El patrono paga por ella lo mínimo al obrero, y se queda con la diferencia (plus­valía), que se va acumulando para engrosar el capital. Hay así una oposición dialéctica entre la producción, que es colectiva, y la apropiación de sus beneficios, que es individual. De un modo inexorable ello producirá una concentración creciente del capital y el aumento del nú­mero de los proletarios. Así llegará la crisis del sis­tema y la revolución proletaria, acto total y definitivo. La dictadura del proletariado será la “expropiación de los expropiadores”.

Después se llegará a la sociedad comunista del futuro, sin clases y sin alienaciones: “una sociedad donde el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos”, una comunidad armónica y sin el poder es­tatal. “El hombre se habrá convertido en una pasión hacia el hombre”.

Reinará el ateísmo, por haber desaparecido las bases socio-económicas de la religión. El hombre será politécnico combinando el trabajo manual e intelectual, integrado ple­namente con la naturaleza. Tendrá su realización completa, al ser dueño de su trabajo y de las condiciones de su exis­tencia material, sin estar sometido a ninguna explotación.

La cosmovisión marxista ofrece así como meta la realización de algunos de los más poderosos sueños humanos, ofreciendo a los desposeídos una ilusión, unas soluciones drásticas, una herramienta revolucionaria.

Bibliografía
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