I. Marx y el marxismo



Sumario. Importancia del marxismo. Vida y obras de Karl Marx. El liberalismo y los abusos del capitalismo. El socialismo revolucionario. Precedentes filosóficos del marxismo: positivismo, evolucionismo, hegelianismo, izquierda hegeliana. El marxismo: materialismo dialéctico e histórico.


Con el nombre de marxismo, entendemos el sistema de pensamiento ideado por Karl Marx, con la ayuda de Federico Engels, que ha influido mucho en el pensamiento y en la sociedad desde mediados del siglo XIX. Más tarde este sistema fue continuado por Lenín (marxismo-leninismo), así como por Stalin, Mao-Tse-Tung, etc. Además de los partidos comunistas, hay también numerosos pensadores socialistas democráticos, que aceptan en parte los principios del marxismo.

El influjo del marxismo se ha dado no solamente en las ideas, sino en la vida práctica. Pues a lo largo de la mayor parte del siglo XX, y con supervivencias en los comienzos del siglo XXI,  muchos millones de personas han sufrido en diversos países la privación de los derechos humanos más elementales bajo regímenes comunistas, y otros han tenido que padecer las consecuencias de la violencia revolucionaria y del materialismo marxista. El marxismo no es, simplemente, un sistema económico entre otros, sino una filosofía, una ideología, una “cosmovisión” (concepción completa del mundo, del hombre y de la vida).

Karl Marx nació el 5-V-1818 en Tréveris (Renania, Alemania). Sus padres pertenecían a la clase media y eran de raza judía. Abrazaron el protestantismo, parece que por conveniencia. Marl Marx estudió en el gimnasio de Tréveris, en la Universidad de Bonn (Leyes) y en la Universidad de Berlín, donde todavía conservaba mucho prestigio e influjo el filósofo Hegel. En 1838 hizo su tesis doctoral sobre el materialismo de Epicuro. En 1841 la presentó en la Universidad de Jena. En esta tesis aparece ya su concepción materialista de la vida, y su rechazo de la religión (al inicio de su obra puso las palabras del “Prometeo” de Esquilo: “En una palabra, odio a todos los dioses”). Por esas fechas se entusiasma con la filosofía materialista de Feuerbach. En 1842 se dedica al periodismo en Colonia, pero al poco tiempo tiene que dejarlo y abandonar Alemania. Trata de continuar su periódico en Paris, pero tiene también que dejarlo, por dificultades financieras. De 1843 a 1846 se dedica en Paris a los estudios de Historia, Economía y Política. Conoció a los anarquistas Bakunin y Proudhon. Tuvo gran amistad y trabajó con Federico Engels en la publicación de sus libros y en la promoción de proyectos revolucionarios. En 1848 publica el Manifiesto del partido comunista. En 1859 la Crítica de la economía política. En 1867 El Capital. Fue expulsado de París y en Inglaterra funda en 1864 la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores). El 14 de marzo de 1883 muere en Londres, en la miseria, sin haber logrado terminar su máxima obra: El Capital.

En aquella época imperaba, en Renania y en toda Europa, el liberalismo político: proclamación de la completa libertad de cada individuo frente al Estado, declaración de los derechos del hombre, soberanía popular. En nombre de la libertad de los ciudadanos el Estado no interviene en los problemas de la sociedad, y se producen gravísimas injusticias. Aunque la burguesía ha realizado una revolución política contra la antigua aristocracia, hay en ésta época una profunda depresión social: la revolución industrial ha producido concentración de capital y la aparición de una legión de obreros que trabajan en condiciones inhumanas, con míseros salarios y sin posibilidad de sindicalizarse.

El marxismo denuncia estas injusticias, como otras personas e ideologías de la época, pero va más allá: más que remediar injusticias concretas le interesa realizar la revolución total. Crítica a los otros socialismos de la época, a los que llama “utópicos o reformistas”, proponiendo por su parte un socialismo “científico”. Entra en pugna, con los movimientos obreristas contemporáneos, rechazando el reformismo y también el anarquismo.

La crítica de los abusos capitalistas y de la miseria proletaria se lleva a cabo dentro de una ideología totalizante y ambiciosa; se rechaza la apropiación individual de las mercancías industriales, ya que su producción es colectiva. Y se afirma que la inexorable concentración del capital lo lleva a su propia ruina.

El ambiente intelectual es por aquel entonces positivista y materialista: Augusto Comte reduce todas las ciencias a la ciencia experimental que permitirá un progreso irreversible para la humanidad, Charles Darwin y Hubert Spencer afirmarán el origen evolucionista, a partir de la materia, del hombre y aun de toda la realidad.

Es notable la influencia en el marxismo de varias construcciones filosóficas anticristianas: de Strauss (la religión es un mito), de Bauer (la religión es “la desgracia del mundo”), de Feuerbach (la religión es una creación del hombre). Destaca especialmente el influjo de Hegel, quien realizó una construcción idealista de vastas proporciones; habla de un Absoluto, de apariencia religiosa, pero sin dogma, moral, culto ni iglesia. Toda la realidad es para él un movimiento único y total de la Razón (creaciones culturales de la humanidad), al término del cual se encuentra el Espíritu Absoluto. Ese movimiento se lleva a cabo a golpe de contradicciones (dialéctica) y tiene tres fases que se van repitiendo constantemente: tesis, antítesis y síntesis. Toda la realidad sería un producto de esa Razón supraindividual, que estaría dotada de un dinamismo propio y no recibido de nadie.

Feuerbach, Bauer y Strauss critican a Hegel con ideas radica1es materialistas y ateas. Constituyen la llamada “izquierda hegeliana”. Pero más radical será todavía el pensamiento de Karl Marx: hay que tener en mente la actividad sensorial y el trabajo humano (transformación humana de la naturaleza). La dialéctica se lleva a cabo en la materia, no en un pretendido Espíritu Absoluto. Hegel se queda en la construcción intelectual y teórica. Hay que ir al terreno práctico; de la historia, de la sociedad. Y advertir las alienaciones que rebajan al hombre. Marx dirá: “los filósofos han estudiado la realidad, nosotros queremos cambiarla”. E impulsará una dialéctica real, una praxis que transforma la sociedad y la historia. Todo ello a partir de una crítica de la situación socio-económica del momento.

Las diversas alienaciones de la sociedad capitalista (religión, filosofía, propiedad privada, etc.) serán presentadas como engaños, encubridores de la explotación. El remedio que se ofrece es una visión científica, pero llena de entusiasmo, de la persuasión de haber llegado al momento culminante de la historia: se confía en una evolución incesante, en el poder de la razón humana científica y técnica, en un nuevo humanismo del trabajo productivo. Se piensa tener la secreta clave para resolver los problemas de la humanidad y darles definitiva solución. La ideología marxista ha trabajado intensamente para lograr el paraíso comunista, la sociedad sin clases. Sus armas han sido diversas, según las diversas sociedades, para desarrollar la táctica de la revolución. Como etapa necesaria se ofreció la dictadura del proletariado, a la cual habría de llegarse utilizando todos los medios posibles, exasperando hasta la ruptura los conflictos sociales, influyendo a través de la educación, etc. Cuando ha sido necesario el comunismo marxista se ha presentado como partido democrático, buscando la vía democrática al poder (vía democrática para que el poder deje de ser democrático). Se ha actuado dentro o fuera de la ley, según conviniera. El marxismo revolucionario se proclama salvador y lo promete todo; porque si triunfa nadie podrá reclamarlo. Cuando triunfe la táctica comienza la estrategia: la exportación de la revolución a otros países.

Bibliografía
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