Sumario. Comunismo ortodoxo y revisionismo. El marxismo en los países occidentales: Francia, Italia,
Alemania. El eurocomunismo. Los socialismos democráticos.
Muy pronto el
comunismo sufrió escisiones y revisiones. El marxismo más radical ha sido siempre el revolucionario, el comunismo. Junto él se desarrollaron los
movimientos socialdemócratas o simplemente socialistas.
Un representante temprano del revisionismo marxista fue Bernstein (1850-1932),
artífice del socialismo democrático alemán, quien negó la necesidad de la
revolución.
La reiterada permanencia del marxismo puede
explicarse en parte por la persistencia de las injusticias sociales, frente a
las cuales representa una airada protesta y un intento de radicales soluciones.
En parte también por un fuerte impulso durante muchos años por los regímenes
comunistas. Hay también un influjo profundo de índole moral, la misteriosa
atracción de una doctrina atea, el vértigo
de la pseudo-divinización del hombre. El constitutivo más profundo del marxismo
es el ateísmo: se niega y combate a Dios para que el hombre sea el ser supremo.
En la Encíclica Divini Redemptoris de
Pío XI se afirma que el marxismo es la máxima negación institucional de Dios
que ha habido en la historia. Se intenta una divinización del hombre, de la
naturaleza y de la historia. Se ignora voluntariamente el pecado, como la raíz más
profunda de los males que afectan al hombre. Se rechaza toda salvación que
venga de Dios, que viene sustituida por la utopía de la sociedad comunista a
través de la lucha de clases. Es la absolutización del hombre como esencia
social, y su divinización como autocreador, autorredentor y autobeatificante,
como principio y fin de sí mismo. Hay una caída profunda: la vida sobrenatural
del cristiano no es ya ni siquiera una vida ética humanamente recta sino una
vida reducida solamente a requerimientos materiales.
El marxismo ortodoxo vino representado por Lenín (1870-1924), quien se
dio cuenta de que era imposible que el proletariado como tal hiciese la
revolución. Ésta será asumida por el partido comunista, “vanguardia del
proletariado”, constituido por intelectuales y agitadores políticos. De ese
modo la dictadura del proletariado
pasará a ser la dictadura del partido.
Tiene la paternidad de la teoría del imperialismo, como la última fase del capitalismo.
Su visión del conocimiento humano es netamente materialista: lo que se llama
conocimiento intelectual es simplemente la copia o reflejo material de las
cosas sensibles. Lenín será también quien formule la dos etapas sucesivas de la
táctica y de la estrategia de la revolución
En China Mao-Tsé-Tung (1893-1976) desarrolló un marxismo sin
diferencias teóricas con los soviéticos. Hay sólo diferencias tácticas,
políticas y nacionalistas. Es un divulgador de los principios marxistas,
aplicados a sus propias circunstancias políticas. En los países
occidentales se llamó maoísmo a determinados movimientos
revolucionarios y semianárquicos.
Dentro de la órbita soviética el húngaro Lukács (1885-1971) acentuó en
el marxismo la dialéctica hegeliana y la importancia de la praxis, dejando un
tanto de lado el materialismo. A la par que denuncia la cosificación del hombre en la sociedad, preconiza un marxismo más
humano. La línea oficial soviética le obligó a rectificar algunas de sus tesis.
En los países occidentales, no sujetos al poderío de regímenes
comunistas, el marxismo experimentó una disgregación profunda y compleja.
Partiendo de los puntos capitales de Marx (ateísmo, materialismo, dialéctica),
se llevan a cabo planteamientos políticos diferentes del leninismo. Se busca un
marxismo más humanista, con el
rechazo de algunos medios violentos, y con predominio de la cultura y de la
subjetividad en el conocimiento humano.
En Francia Lefevre se ocupó de
aspectos sociológicos del marxismo, con independencia del comunismo oficial.
Althusser, ex-católico, desarrolla una crítica a Marx, desde dentro del
marxismo, acentuando la dialéctica: el marxismo no es un humanismo, sino una ciencia.
Merleau-Ponty (1908-1961) es un existencialista ateo, cuya absoluto relativismo
le permite justificar las diversas realizaciones prácticas del marxismo. Sartre
(1905-1980), también existencialista ateo, concede un mayor relieve al
individuo singular, a la vez que asume el colectivismo y el historicismo
dialéctico. Roger Garaudy es una figura cuyo pensamiento evolucionó
notablemente, pues pasó de un marxismo estalinista
rígido y militante a un decidido revisionismo,
que le valió la expulsión del partido comunista. En esta nueva fase abandonó el
materialismo histórico y la lucha de clases como impulsora de la violencia
revolucionaria, así como al protagonismo del partido comunista. Aspira a una
mayor consideración de la subjetividad y de la iniciativa humana, se apoya más
en el progreso tecnológico que en la dialéctica, y tiende puentes hacia el
diálogo entre marxistas y cristianos.
En Italia destaca Gramsci (1891-1937) que considera la sociedad como un
conjunto de relaciones culturales, no económicas. La revolución deberá ser una
conquista ideológica y cultural: a través de los medios de comunicación, de la
escuela, etc. El enemigo no es el capitalismo,
sino el fascismo (entendiendo por tal
todo pensamiento y moral opuestos al marxismo).
En Alemania Bloch (de origen hebreo, caído después en el ateísmo)
desarrolla un marxismo esotérico,
como utopía de la esperanza
(escatología terrena). Lleva a cabo una lectura revolucionaria de la Biblia, a la vez que propicia el diálogo entre
marxistas y cristianos. También en este país, desde 1923 prospera la llamada
Escuela de Frankfort, cuyos miembros desarrollan estudios de Sociología. Entre
ellos figuran Horkheimer y Adorno. Esta escuela está profundamente influida por
el materialismo histórico de Marx y el pansexualismo de Freud. Marcuse, quien
influyó notablemente en los movimientos revolucionarios de la década de 1960,
propugna que para el hombre ser es luchar por el placer sexual, que se haría
pleno en el “reino de la libertad comunista”. La meta es la satisfacción de
instintos animales. Erich Fromm, quien contribuyó en los Estados Unidos al desarrollo
del psicoanálisis culturalista
norteamericano, a través de sus estudios de psicoanálisis, economía y
sociología, es un divulgador de Marx y de Freud. Propugna un humanismo radical,
usurpando elementos de la religión y criticando a ésta, con un enfoque
netamente hedonista. Antes, alrededor de los años 20, Tillich y otros teólogos
protestantes habían presentado al cristianismo como un socialismo religioso.
Por un corto tiempo se presentó en Italia, Francia, España y otros
países el fenómeno denominado eurocomunismo,
que apelaba a los escritos juveniles de
Marx y a las obras de Gramsci. La revolución debía hacerse en el nivel
ideológico, cultural y moral. Los procedimientos debían ser de carácter
democrático, siguiendo la vía democrática
al poder, y alardeando siempre de su independencia con respecto a Moscú.
Los diversos socialismos que han prosperando y prosperan en numerosos
países proceden en su mayoría del revisionismo
marxista. Con mucha frecuencia presentan como rasgos característicos el reduccionismo materialista, el positivismo jurídico, la mentalidad
colectivista, las limitaciones a la iniciativa privada en la economía y en la
educación, el carácter beligerantemente antirreligioso.
Bibliografía
-OCARIZ; op. cit., págs.
182-207.
-SPIEKER,MANFRED; Los herejes de
Marx. EUNSA. Pamplona, 1977, págs. 29-253.
-GÓMEZ PÉREZ; op. cit., págs. 217-313.
-PIETTRE; op.
cit., págs. 287-339.
-SHEED; op. cit.,
págs. 67-109.
-GARCÍA DE HARO; op. cit.,
págs. 183-219.
-CALVEZ; op. cit., págs.
622-644.
No hay comentarios:
Publicar un comentario